Guía completa para escribir recetas de cocina

Guía completa para redactar recetas de cocina.

Escribir recetas de cocina puede parecer fácil, pero no lo es. Requiere práctica y conocer algunas reglas. Si te acabas de embarcar en este bonito viaje de compartir tus creaciones culinarias con el mundo, entenderás que no basta con saber cocinar; también es esencial saber comunicar tus ideas con claridad.

Redactar una receta de cocina es el primer paso para difundir tus conocimientos fuera de los fogones. Se trata de guiar a las personas que te leen a través de unos pasos sencillos (o no tanto), para que puedan visualizar y anticipar el resultado final.

En esta guía, seguiremos los pasos para escribir recetas en español. Si te apasiona la cocina y quieres dar el salto y compartir tus recetas, estás en el lugar correcto para comenzar con buen pie.

¿Qué es una receta?

La receta se engloba dentro de los llamados textos instructivos. Es decir, ofrece una serie de pasos detallados que se deben seguir para lograr un resultado específico, en este caso, una preparación culinaria.

Estos textos se caracterizan por tener una estructura clara y organizada que incluye, por lo general, una lista de ingredientes necesarios y una secuencia de acciones. Las recetas actúan como guías para que los lectores puedan recrear el plato.

Al igual que otros textos instructivos, las recetas buscan simplificar procesos complejos en acciones comprensibles que se puedan replicar con facilidad. Sin embargo, suelen tener más miga de lo que parece a simple vista. Por eso es necesario conocer algunas normas antes de ponerse a escribir.

La importancia de una comunicación clara en las recetas de cocina

La cocina es un espacio de creatividad, pero también requiere precisión. Una cucharada de sal de más o un minuto extra en el horno pueden echar por alto todo el esfuerzo anterior.

Por otro lado, dada la vasta variedad de técnicas culinarias, tendríamos que escribir instrucciones interminables, si tratásemos de detallar cada mínimo paso de una elaboración. Es aquí donde radica la verdadera maestría: en buscar un equilibrio. Hay que evitar sobrecargar la receta con detalles innecesarios, pero saber distinguir la información esencial.

Por ejemplo, a un público general no siempre necesitamos decirle que debe “lavar las verduras” antes de usarlas. Del mismo modo, ciertas técnicas básicas de cocina, como “sofreír” o “hervir”, no requieren una explicación detallada.

Por lo tanto, tenemos que movernos en un punto intermedio. Escribir con claridad para que nos entiendan quienes comienzan en la cocina, pero sin resultar repetitivos y aburridos para otro público más avanzado.

La estructura básica de una receta

La estructura de una receta es comparable a la estructura de un relato: tiene un comienzo, un nudo y un desenlace. Al entender y aplicar una estructura coherente y lógica, logramos que el lector pueda seguir la receta sin dificultades y que el plato resultante sea fiel al original.

Es esencial comprender su estructura inherente, esa columna vertebral que le da forma y coherencia. A continuación, desglosaremos las características fundamentales de cada sección que compone una receta.

Nota: Ten en cuenta que no todas las recetas tienen que tener las mismas características. Esto no es una norma fija; puedes adaptar el estilo como consideres.

Título claro y evocador

El título de una receta es, sin duda, su carta de presentación. Es lo primero que atraerá la atención del lector, por lo que debe ser evocador, claro y conciso. “Pollo al limón” es claro, pero “Pollo al limón estilo mediterráneo” transporta al lector a una región específica del mundo; aporta contexto y sabor incluso antes de comenzar.

Por lo tanto, a la hora de elegir un título para una receta, puedes tener en mente estos elementos:

  • Evocación: el título debe hacer que el lector pueda imaginar el sabor, aroma y apariencia del plato antes de comenzar a cocinarlo. Un buen título evocador podría ser «Paella valenciana al aroma de azafrán».
  • Sencillez: aunque es importante ser descriptivo, también es fundamental no abrumar con demasiada información. Lo bueno, si es breve, dos veces bueno.
  • Adjetivos: palabras como “crujiente”, “jugoso” o “esponjoso” nos dan una pista sobre la textura y el sabor del plato.
  • Términos regionales: si un plato tiene raíces en una región o cultura específica, mencionarlo puede dar ese toque de autenticidad. Ejemplo: “Tamales oaxaqueños” o “Salmorejo cordobés”.
  • Concisión: un título demasiado largo puede ser difícil de recordar o de buscar. Siempre es recomendable ser directo y al grano, pero sin sacrificar la esencia del plato.
  • Claridad: evita jerga culinaria que pueda no ser familiar para todos los lectores. Si bien un chef profesional podría entender términos específicos, un aficionado podría sentirse intimidado o confundido.

Breve introducción o historia

Esta es la parte de la receta donde puedes aprovechar para dar rienda suelta a tu creatividad o para poner al lector en contexto. Puedes escribir sobre una experiencia personal detrás de este plato, su origen histórico o simplemente dar una breve explicación de por qué esa receta es especial.

Esta sección, aunque opcional, puede ser el puente que conecta emocionalmente al lector con la receta. Además, si tu receta se va a publicar en Internet, puedes aprovecharla para emplear palabras clave que posicionen tu artículo en los primeros puestos de Google.

  • Historias y tradiciones: cada receta tiene una historia que contar, ya sea una tradición familiar que ha pasado de generación en generación o un plato inspirado en un viaje que te ha marcado. Compartir esta historia le da contexto al plato y te conecta con tus lectores.
  • Cultura y raíces: la comida es una manifestación de la cultura. Al contextualizar un plato dentro de su cultura o región de origen, se ofrece una comprensión más profunda de sus sabores y técnicas.
  • Invitación a la experiencia: la introducción debe hacer que a los lectores les apetezca recrear la experiencia culinaria en su propia cocina, no solo por el resultado final, sino por el proceso y lo que representa.
  • Palabras clave: identifica términos relevantes que las personas podrían usar para buscar recetas similares y asegúrate de incluirlos de manera natural en tu introducción. Por ejemplo, “tarta de queso sin horno”.
  • Contenido de calidad: Google y otros motores de búsqueda priorizan el contenido de calidad. Una narrativa bien escrita, informativa y auténtica mejorará el posicionamiento.

La lista de ingredientes

Los ingredientes son los protagonistas del plato. Este listado no es solo una enumeración; es una guía precisa que tus lectores seguirán para recrear el plato tal y como el creador lo imaginó. Es vital que este listado sea claro, preciso y fácil de seguir.

Organización y secuencia lógica

Es recomendable listar los ingredientes en el orden en que se utilizarán en la receta. Así tus lectores los tendrán listos y a mano cuando los necesiten para poder seguir el procedimiento con mayor fluidez.

También puedes organizar los ingredientes en función de su relevancia en la receta. En un arroz con pollo, pondría el arroz en el primer puesto y el pollo en el segundo, las verduras a continuación y, por último, los condimentos.

Si la receta tiene diferentes componentes (por ejemplo, una tarta y su cobertura), es útil separar y listar los ingredientes por grupo. Esto ayuda a segmentar y organizar la preparación.

Medidas y formato adecuado

En muchas cocinas, sobre todo en la doméstica, es común usar fracciones como ½ cucharadita o ¼ taza. Estas medidas son fáciles de visualizar y ajustar según la necesidad.

En contextos profesionales o cuando se requiere precisión (como en pastelería), es mejor poner las cantidades en decimales. Por ejemplo, 250,5 g de harina” puede ser más preciso que “2 y ¼ tazas de harina”.

Lo ideal es que se sea coherente y se elija siempre el mismo formato para todos los ingredientes de la lista. Luego está la “pizca de sal” o “sal al gusto”, que considero que puede dejarse así o añadir los gramos para más precisión.

Abreviaturas estándar en gastronomía

Es común encontrar abreviaturas y símbolos en las recetas de cocina, sobre todo para indicar las cantidades en los ingredientes. Sin embargo, es fundamental asegurarse de que estas abreviaturas sean comprensibles para el público objetivo.

Los símbolos internacionales se escriben sin punto. En todos ellos se deja un espacio entre la cifra y el símbolo:

  • l, L: litro (se recomienda la minúscula, pero se admite la mayúscula para evitar confusiones)
  • dl, dL: decilitro
  • g: gramo
  • kg: kilogramo

A veces se usan abreviaturas como las siguientes:

  • c/s, c. s.: cuchara sopera
  • c/p, c. p.: cuchara de postre
  • c/c, c. c.: cuchara de café
  • cda. : cucharada
  • cdta.: cucharadita

Si decides usar abreviaturas, es recomendable incluir una breve nota o leyenda al inicio o final de la receta para aclarar cualquier posible confusión.

Unidades de medida en diferentes culturas

Es importante tener en cuenta que las medidas y utensilios pueden variar según la región o el país. Es uno de los calentamientos de cabeza a los que nos enfrentamos las traductoras gastronómicas.

Lo que se considera una cucharadita en un lugar determinado podría ser diferente en otro. Si tu receta está destinada a un público internacional, puede ser útil proporcionar conversiones o hacer referencia a medidas estándar. También puedes ofrecer equivalencias, por ejemplo: 1 taza (unos 240 ml).

Los pasos de la elaboración

Y ahora remángate porque empieza la fiesta. El procedimiento es el alma de la receta, donde se detallan los pasos para transformar un conjunto de ingredientes en un plato para chuparse los dedos.

Desglose paso a paso

Da las instrucciones de forma clara y concisa. Evita rodeos o lenguaje ambiguo. Es esencial que los segmentos sean claros y fáciles de seguir, para que tus lectores, sin importar su experiencia culinaria, puedan lograr un resultado satisfactorio.

Por otro lado, numera las instrucciones para que puedan seguir en el camino correcto y verificar que no han omitido ningún paso importante.

Elección de verbos precisos

El lenguaje tiene sus propias sutilezas y matices. Por eso, es mejor ser específicos a la hora de utilizar los verbos en una receta.

No es lo mismo sofreír que rehogar, aunque se suelen confundir a menudo. “Sofreír” es cocinar a fuego lento un alimento en un medio graso. La idea es extraer los aromas y el sabor de los ingredientes.

“Rehogar” es cocinar los alimentos a una temperatura alta, aunque no superior a los 100 grados, y con la cantidad de aceite justa para lubricarlos.

Encontramos otros verbos con significados parecidos que se utilizan en cocina como si fuesen sinónimos, aunque no lo son. Otros ejemplos son: blanquear, pochar o escalfar.

Echa un vistazo a: Cómo escribir sobre comida y experiencias gastronómicas

¿Imperativo o infinitivo?

El modo imperativo es, por excelencia, el preferido en las recetas porque instruye de manera directa al lector sobre qué hacer. Es directo y claro. “Mezcla los ingredientes”, “Precalienta el horno”, “Deja reposar durante 10 minutos” son ejemplos de este uso.

Algunas recetas optan por el infinitivo para describir las acciones. Es una forma más neutral y menos directiva que el imperativo. Por ejemplo: «Mezclar los ingredientes», «Precalentar el horno», «Dejar reposar por 10 minutos». Es común en manuales o guías de cocina.

Tanto si te decantas por el modo imperativo como si lo haces por el infinitivo o por una forma más cercana con la primera persona del plural (lavamos los tomates y los pelamos), es importante seguir siempre la misma forma a lo largo de todos los pasos.

Indicaciones sobre tiempo

Siempre que sea posible, indica cuánto tiempo debe llevar un paso en particular, como “Hornea durante 25-30 minutos”. A veces, el tiempo no es el mejor indicador. En esos casos, añade descripciones como “sofríe hasta que las cebollas estén doradas y se vuelvan transparentes” para que los lectores se puedan guiar por el aspecto de la elaboración.

Conectores y fluidez

Toda receta es, en esencia, una historia que guía al lector en un viaje culinario. Los conectores son como el aceite en una sartén: hacen  que todo fluya con facilidad.

  • Los conectores temporales ayudan a establecer un orden lógico. Términos como «primero», «luego», «después», «mientras», «finalmente» indican la secuencia de las acciones. Por ejemplo: «Primero, corta las verduras. Mientras las salteas, puedes preparar la salsa.»
  • En ocasiones, es útil destacar diferencias o similitudes para dar claridad a un paso. Conectores de contraste como «pero», «aunque», «sin embargo», «así como» y «al igual que» pueden ser herramientas valiosas.
  • A veces, es útil no solo decir qué hacer, sino también por qué. Los conectores causales como «porque», «debido a», «así que» y «por lo tanto» pueden ser de gran ayuda. Por ejemplo: «Añade el jugo de limón lentamente mientras remueves, ya que esto evitará que la leche se corte.»

Otros elementos en la redacción de recetas culinarias

Al redactar una receta, es fundamental tener en cuenta la diversidad de lectores y ofrecer alternativas que se adapten a distintas necesidades y circunstancias. Los consejos y las variaciones enriquecen una receta, y dan la oportunidad de personalizarla.

Consejos prácticos

Ofrecer pequeños trucos o consejos basados en la experiencia puede ayudar a las personas poco experimentadas a mejorar su técnica. Por ejemplo: «Para evitar que el ajo se queme, añádelo después de haber sofreído la cebolla durante unos minutos».

Por otro lado, algunos pasos o ingredientes pueden requerir una explicación adicional para evitar errores comunes: «Si usas chocolate con leche, reduce la cantidad de azúcar en 50 gramos».

Variaciones de la receta

Tienes la opción de proporcionar alternativas para hacer la receta apta para vegetarianos, veganos, celíacos, etc. «Para una versión vegana, reemplaza los huevos con chía hidratada o lino molido».

Si una receta tiene variaciones en diferentes regiones o culturas, es interesante mencionarlas.

También puedes ofrecer alternativas según la estacionalidad. La disponibilidad de ingredientes frescos y de temporada puede variar, por lo que puede venir bien presentar alternativas para que la receta pueda prepararse todo el año.

Propuestas de presentación

Da ideas para presentar el plato de manera estética y apetitosa. «Decora con unas hojas de menta fresca y un chorrito de chocolate fundido por encima».

También puedes hacer sugerencias sobre el maridaje con bebidas o con platos complementarios que armonicen con la receta. “Este postre va de lujo con un vino dulce o un café recién hecho”.

Sugerencias de equipamiento

En casa, no todos contamos con los mismos utensilios. Mientras hay quienes pueden tener una cocina completamente equipada con electrodomésticos modernos, otros podrían cocinar de manera más tradicional. Esta bien proporcionar opciones para ambos escenarios. Por ejemplo: «Puedes amasar la masa a mano durante 15 minutos o utilizar una batidora con gancho amasador durante 5 minutos».

Niveles de dificultad

Puedes añadir un apartado al principio para indicar el nivel de dificultad y el tiempo que se tarda en elaborar la  receta.

Además, no todos tus lectores tienen el mismo nivel de experiencia. Es útil ofrecer pasos simplificados para principiantes o alternativas más elaboradas para los más avanzados. Por ejemplo: «Puedes utilizar salsa de tomate ya hecha o, si lo prefieres, hacerla desde cero. Aquí tienes una receta casera».

Incorporación de imágenes

Aunque manejes como nadie el lenguaje sensorial en tu redacción, si es posible, incluye imágenes del plato terminado, o incluso de pasos intermedios. Una imagen atractiva motiva a tratar de recrear la receta, y también da una idea de cómo debe verse el plato en las  diferentes etapas.

El valor de una receta bien redactada

La gastronomía, en su esencia, es un acto de creación: transformar ingredientes simples en platos que deleiten al paladar y acaricien el alma. El lenguaje es una herramienta que, cuando se sabe utilizar, puede evocar emociones, despertar sentidos y transportar al lector a lugares y momentos específicos.

La redacción de recetas también va de contar historias y compartir experiencias. Además, una receta bien escrita y estructurada tiene el poder de inspirar confianza en quienes la leen. Ofrece claridad, reduce ambigüedades y brinda al lector la seguridad de que puede lograr el resultado deseado.

 

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