Lenguaje sensorial: qué palabras usar para describir la comida

Cómo usar el lenguaje sensorial para describir la comida.

Es domingo por la mañana.

Me levanto con sueño y me dirijo a la cocina con los ojos todavía entrecerrados.

La luz tenue del amanecer entra por la ventana y pinta el espacio con una suave tonalidad dorada. El aire sabe a café recién hecho y a mantequilla derretida.

¿Te imaginas la escena?

Quizá no te resulte muy complicado, y esto es gracias al lenguaje sensorial. Y es que algunas palabras nos permiten describir y comunicar experiencias que de otra manera serían difíciles de transmitir.

Con el lenguaje sensorial podemos utilizar palabras que evocan imágenes, sonidos, olores, texturas y sabores para recrear estas experiencias y compartirlas con otras personas.

También es una buena forma de prestar atención a los detalles sensoriales de nuestra experiencia. Así podemos apreciar más la belleza y la diversidad que nos rodea.

En este artículo, nos centraremos en el lenguaje sensorial y su importancia en la descripción de la comida. Exploraremos cómo ciertas palabras pueden ayudarnos a crear imágenes vívidas y evocadoras que estimulen los sentidos.

Porque las palabras sensoriales no solo están al alcance de las mentes creativas. Sigue leyendo para saber cómo aplicar el lenguaje sensorial en el menú de la carta de tu restaurante, en tu blog gastronómico o en cualquier otro escrito sobre comida.

¿Por qué es importante utilizar el lenguaje sensorial en la descripción de platos y productos gastronómicos?

El cerebro procesa las palabras sensoriales como cuando te imaginas mordiendo un limón o tocando la textura aterciopelada de un kiwi. Inténtalo, es posible que llegues a sentirlo.

Hay estudios que sugieren que el mero hecho de tocar un objeto aumenta la percepción de propiedad de este. Entonces, ¿podríamos aumentar el deseo con palabras sensoriales para que el cliente se imagine sosteniendo nuestros productos o probando nuestros platos? Todo apunta a que sí.

Además, el uso del lenguaje sensorial permite a tu clientela conocer más acerca de los alimentos que va a consumir. Muchas empresas de alimentos y restaurantes están invirtiendo cada vez más en la descripción y presentación de sus productos para atraer a los consumidores y mejorar su experiencia gastronómica.

En general, cuando se destacan las características sensoriales de los productos, estos se perciben como de mayor calidad.

Por tanto, el uso del lenguaje sensorial en la descripción de platos y productos gastronómicos no solo es importante para crear una conexión emocional con los consumidores, sino que también puede mejorar la percepción de la marca o establecimiento.

Échale un vistazo a esto: Cómo escribir sobre comida y experiencias gastronómicas

Palabras para describir la comida que se pueden saborear

El lenguaje sensorial es una herramienta poderosa en el marketing gastronómico. Se ha comprobado que utilizar palabras que describen con detalle los sabores, aromas y texturas de los platos, puede despertar el interés, e incluso aumentar el apetito de las personas que las leen.

Por lo tanto, a la hora de redactar un menú, la elección de las palabras es fundamental. Las palabras que utilices para describir tu producto y los platos de tu carta pueden atraer a los clientes y aumentar las ventas, si se eligen de forma correcta.

Vista, oído, gusto, tacto y olfato; echa un vistazo a esta lista de palabras sensoriales para describir la comida con los cinco sentidos:

El sabor

Palabras para describir el sabor.

El órgano que nos permite percibir el sabor es el gusto. La lengua, con sus papilas gustativas, es la encargada de la percepción de los sabores de nuestros platos favoritos.

Puede que pienses que el gusto es el sentido más importante cuando se trata de la comida, pero en realidad se da por la acumulación de múltiples sentidos. Existen cinco sabores básicos reconocidos: salado, amargo, dulce, ácido y umami.

Desde los sabores básicos a otros más complejos, estas son las palabras que puedes utilizar cuando escribas sobre comida:

  • Dulce: un sabor suave y placentero que recuerda al azúcar, la miel o las frutas maduras.
  • Salado: un sabor que evoca el mar y el océano provocado por la presencia de cloruro de sodio, y que se encuentra en alimentos como las patatas fritas, las aceitunas y el jamón serrano.
  • Amargo: un sabor que evoca a las hierbas, y que se encuentra en alimentos como el café, el chocolate negro y las hojas verdes.
  • Ácido: se encuentra en frutas como los limones, las naranjas y las fresas, y añade un toque fresco a los alimentos.
  • Picante: un sabor que produce una sensación de calor en la boca, y que se encuentra en alimentos como el chile, la pimienta y la mostaza.
  • Umami: un sabor sabroso y terroso que se encuentra en alimentos como los tomates, los champiñones y la carne.
  • Ahumado: un sabor que se encuentra en alimentos como la carne, el pescado y el queso, y que evoca el aroma y el sabor del humo.
  • Agridulce: un sabor que combina notas dulces y ácidas, y que se encuentra en alimentos como el vinagre balsámico y la salsa agridulce.
  • Terroso: un sabor que evoca la tierra y la naturaleza, y que se encuentra en alimentos como las setas y los tubérculos.
  • Especiado: un sabor que evoca el calor y la complejidad de las especias.
  • Herbáceo: evoca la frescura y el aroma de las hierbas y se encuentra en alimentos como las salsas verdes y los pestos.
  • Agrio: sabor ácido y amargo, similar al del vinagre o el limón. En algunos casos tiene connotación negativa, como en el caso de la leche cuando está agria.
  • Refrescante: sabor que imita la sensación de frío. A menudo se utiliza para describir la menta.
  • Dulzón: sabor ligeramente dulce, menos intenso que el dulce tradicional.
  • Cítrico: sabor intenso como el de los limones, las limas, las naranjas y otros cítricos.
  • Afrutado: cualquier sabor que recuerde a frutas dulces.
  • A nuez: cualquier sabor similar al de los frutos secos. A menudo se utiliza para describir quesos.
  • Amaderado: evoca la madera, a menudo con matices terrosos, ahumados y a veces dulces, como el roble o la vainilla.

El olor

El olfato es uno de los sentidos más importantes. Está muy relacionado con el gusto, pues todo lo que comemos lo hemos olido antes.

El olfato humano también está muy vinculado con la memoria. Un olor puede hacernos viajar a un momento concreto de nuestro pasado y despertar en nosotros una fuerte emoción. Es lo que se conoce como efecto proustiano.

Este puede ser uno de los sentidos más complejos de transmitir en la escritura; pero, cuando se comunica bien, junto con otros elementos sensoriales, puede cautivar a los lectores.

He aquí algunas palabras para estimular el sentido olfativo de quien te lee:

  • Aromático: un olor agradable y perfumado que a menudo se asocia con hierbas, especias o frutas frescas.
  • Ahumado: un olor profundo y rico, similar al aroma del humo o de la leña quemada.
  • Avinagrado: un olor agrio y punzante, como el del vinagre.
  • Dulce: un olor suave y agradable, como el de la vainilla, la canela o el chocolate.
  • Cálido: un olor que evoca la sensación de calor, como el pan recién salido del horno.
  • Especiado: evoca la complejidad de las especias, como el cardamomo o el jengibre.
  • Floral: un olor que evoca la dulzura y el aroma de las flores, como la lavanda o el jazmín.
  • Herbáceo: un olor fresco, similar al aroma de las hierbas y las verduras.
  • Mentolado: un olor refrescante, como el de la menta y el eucalipto.
  • Tostado: un olor cálido y acogedor, como el del café o los frutos secos tostados.
  • A hierro: un olor metálico y mineral, como el del hierro y el metal caliente.
  • Yodado: un olor marino y salado, como el del mar y las algas marinas.
  • Balsámico: se suele usar para describir el aroma penetrante que desprenden los vinos cuando pasan por barrica. Recuerda a la resina, el pino o el enebro.
  • Embriagador: un aroma fuerte e intenso que puede ser adictivo y tener un efecto hipnótico en el paladar.  También puede utilizarse de forma metafórica para describir una comida que es tan deliciosa que puede embriagar los sentidos.

La textura

Otro aspecto que hay que tener en cuenta a la hora de describir la comida es la textura. El uso adecuado de adjetivos para describir la sensación en boca ayuda a imaginar cómo será hincarle el diente a esa comida antes de pedirla.

La textura de los alimentos se refiere a las cualidades que sentimos con la lengua, los dientes y la punta de los dedos. 

Mientras masticamos los alimentos, evaluamos su textura. Los dientes, la lengua y la mandíbula ejercen una fuerza sobre el bocado que, en función de la facilidad con que se descomponga, nos permite decidir si está tierno, si es crujiente, quebradizo, líquido o espumoso, por ejemplo.

Puedes usar las siguientes palabras sensoriales para que tus textos gastronómicos se puedan palpar:

  • Cremosa: una textura suave y sedosa que se encuentra a menudo en alimentos ricos en grasa, como la nata, el queso o el helado.
  • Esponjosa: una textura ligera y aireada, como la de los alimentos horneados, por ejemplo, bizcochos, pasteles o panes.
  • Melosa: la textura de arroces que es untuosa y recuerda a la miel.
  • Pegajosa: una textura viscosa que se adhiere a los dientes y al paladar. Puede ser considerada una característica positiva o negativa, según el contexto.
  • Húmeda: una textura que contiene líquido, lo que la hace suave y jugosa. Por ejemplo, un bizcocho bañado en almíbar.
  • Mantecosa: una textura suave y untuosa que se encuentra a menudo en alimentos ricos en grasa, como la mantequilla, el queso o la nata.
  • Resbaladiza: una textura suave y lisa que puede se desliza fácilmente por la lengua, como las ostras.
  • Áspera: una textura rugosa y dura que puede ser difícil de masticar.
  • Tibia: se refiere a una temperatura intermedia entre caliente y frío.
  • Correosa: una textura dura y fibrosa que puede ser difícil de masticar y tragar. Por ejemplo, una carne mal cocinada
  • Fibrosa: una textura resistente y con fibras que requiere esfuerzo para masticar.
  • Grumosa: una textura gruesa y granulada que se siente irregular y suelta en la boca.
  • Arenosa: una textura granulada y seca que se siente crujiente y áspera en la boca.
  • Aireada: textura ligera y acolchada que suele crearse por la incorporación de aire.
  • Desmenuzable: textura de un alimento con una estructura suelta que se deshace en pequeños trozos o migas.
  • Crujiente: textura firme que suele identificarse por el ruido agudo y audible que hace el alimento al comerse.
  • Gaseosa: textura provocada por la presencia de muchas burbujas pequeñas, generalmente referida a líquidos carbonatados.
  • Hojaldrada: textura ligera caracterizada por capas que se desprenden al comer.
  • Sedosa: textura fina y suave caracterizada por un tacto liso en la boca.

El sonido

Podemos reconocer el estado de un alimento o bebida por su sonido. De hecho, me viene a la cabeza un Tik Tok que vi el otro día. ¿Puedes diferenciar el sonido del agua caliente y del agua fría al caer en el vaso? Aunque no solemos fijarnos en esos detalles, la mayoría de la gente lo puede diferenciar.

El sonido también nos es muy útil a la hora de juzgar el estado de los alimentos y así evitar comer los que están en mal estado. Por ejemplo, el sonido crujiente al cortar una lechuga nos habla de su frescura.

Ahora sabemos que no son solo los sonidos externos los que alteran el sabor de los alimentos. En realidad, son los sonidos intrínsecos al propio alimento, propios de cada bocado, los que cambian la naturaleza de la percepción que tenemos de él mientras lo experimentamos en la boca.

Este campo de investigación se conoce como tribología acústica, es decir, cuando el alimento se envuelve en la cavidad bucal, la boca empieza a producir un sonido sutilmente distinto, debido al cambio de fricción asociado.

Para describir el sonido de los alimentos puedes usar las siguientes palabras sensoriales:

  • Crujiente: sonido agudo que producen los alimentos con una textura que se rompe con facilidad, como unas patatas fritas.
  • Crocante: similar a crujiente, este adjetivo describe un sonido seco que se produce cuando se muerde algo duro, como unas almendras.
  • Chisporroteo: un sonido continuo y suave que se produce cuando algo se fríe o se asa.
  • Burbujeante: para describir el sonido suave y efervescente que se produce al beber una bebida carbonatada.
  • Estallido: para describir el sonido agudo que se produce al morder algo como una uva o un guisante.

El aspecto

Ya conoces el dicho: comemos por los ojos. Emplatar una creación gastronómica es todo un arte que puede hacer que un plato nos entre por los ojos o nos deje de apetecer. Por ejemplo, un filete de aspecto seco y sin jugos es muy probable que esté demasiado hecho y resulte chicloso.

El color del alimento también influye a la hora de elegirlo o rechazarlo. Por lo general, el marrón se asocia a frutas y verduras podridas, el rojo tiene propiedades más dulces, y el amarillo y el naranja se inclinan hacia el lado ácido (como ocurre con los cítricos, por ejemplo).

Ten en cuenta que la escritura sensorial trata de evocar una imagen mental que sea capaz de despertar el apetito. Para ello, se suelen emplear adjetivos que describan la forma o el color, aunque también suele ser muy efectivo echar mano de metáforas, como en el caso de lingote de mango o de cúpula de chocolate.

Echa un vistazo a estas palabras que pueden ayudarte a describir el aspecto de tus platos:

  • Colorido: un plato o alimento que tiene colores intensos y variados.
  • Brillante: se refiere a una superficie con capacidad para reflejar la luz, lo que da la apariencia de brillo y resplandor. Por ejemplo, una manzana fresca.
  • Aterciopelado: un alimento con textura suave, como la piel de un melocotón maduro.
  • Rugoso: un alimento con pequeñas protuberancias y textura áspera, como la piel de una piña.
  • Liso: se refiere a una superficie uniforme y sin irregularidades, como la superficie de un tomate.
  • Escamoso: se refiere a una superficie con escamas, como la piel de un pescado.
  • Marmolado: alimentos que tienen vetas o rayas, como la carne o el queso.
  • Dorado: describe alimentos que tienen un tono dorado, como el pan tostado o las papas fritas.
  • Exótico: que parece ser de una cultura o cocina exótica, con una apariencia llamativa.
  • Fundido: se refiere a un estado en el que un alimento sólido se ha derretido y se ha convertido en líquido. Por ejemplo, el queso o el chocolate fundido.
  • Pálido: se refiere a un color poco intenso o apagado, que puede indicar una falta de sabor o de madurez.
  • Caramelizado: se refiere a un proceso de cocción en el que el azúcar en los alimentos se derrite y se convierte en un líquido dorado. El resultado es un sabor dulce y un color dorado o marrón oscuro. Por ejemplo, una cebolla caramelizada.
  • Pasado: se refiere a un alimento que se ha cocinado demasiado tiempo, por lo que se ha vuelto seco, duro o quemado.

Lenguaje sensorial: sí, pero sin pasarse

Ya has visto que el lenguaje sensorial puede hacer que tus lectores se decanten por eso tan rico que ofreces. Así que intenta liberar al poeta que llevas dentro y elige tus palabras con cuidado y precisión.

La próxima vez que añadas un plato nuevo o quieras revisar la carta, ten en cuenta que el tiempo que inviertas en las descripciones de los platos puede ayudarte a vender más.

Eso sí, no abuses de las palabras sensoriales o tus textos sonarán artificiales y empalagosos. Todo en su justa medida.

 

Enlaces que te pueden interesar:

  • Peck, Joann and Shu, Suzanne B., The Effect of Mere Touch on Perceived Ownership (February 18, 2009). Journal of Consumer Research, Forthcoming, Available at SSRN: https://ssrn.com/abstract=1345908
  • Swahn, J., Mossberg, L., Öström, Å. and Gustafsson, I. (2012), «Sensory description labels for food affect consumer product choice», European Journal of Marketing, Vol. 46 No. 11/12, pp. 1628-1646. https://doi.org/10.1108/03090561211260013
  • George A. van Aken (NIZO Food Research, Ede, The Netherlands), «Acoustic emission measurement of rubbing and tapping contacts of skin and tongue surfaces in relation to tactile perception,» Food Hydrocolloids Volume 31, Issue 2, June 2013, Pages 325–331. 

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